15 octubre 2011

13 Oct'2011: Día de las Rebeldías Lésbicas en América Latina y El Caribe

Por Verónica Ferrari
(Texto leído en el conversatorio “Situación de las Lesbianas en el Perú: Avances y Retrocesos”, realizado en el Ministerio de la Mujer y organizado por la Kolectiva Rebeldías Lésbicas y el Movimiento Homosexual de Lima)

En el día de las rebeldías lésbicas no quiero hablar de violencia, lo siento, ya bastante tenemos con la que vivimos a diario en carne propia, con la que conocemos de experiencias de compañeras y hermanas de lucha. La violencia es algo que casi se convierte en parte de nuestras vidas, si no es una violencia física o psicológica, es una violencia simbólica de parte de los representantes de las diversas iglesias, de los medios de comunicación o del propio Estado, es una negación histórica de nuestras vidas, de nuestras demandas y de nuestro lugar de enunciación como sujetas políticas, y esa violencia se inserta en nuestros cuerpos y en nuestras experiencias diariamente. Todas estamos en este momento aquí, en este espacio tan especial, en el ministerio de la mujer, en este lugar tan nuestro para luchar contra esa violencia, para hacer algo contra esa violencia, para acabar con esa violencia.

Existen varios informes sobre la situación de los derechos humanos de lesbianas, gays, trans y bisexuales. Desde que aparecieron los primeros informes, me parece que por el año 2005, las estadísticas nos demuestran que a nosotras no nos matan como sí matan a los compañeros gays y a las compañeras travestis. Pero eso no es cierto, a nosotras sí nos matan, nos matan de formas más sutiles, nos matan poco a poco limitando nuestras vidas, invisibilizando nuestros deseos, negando nuestra existencia.

Nos matan cada vez que se nos excluye y se nos margina de las leyes, propuestas y planes que se diseñan, supuestamente, para proteger a las mujeres de toda forma de violencia o desigualdad. Nos matan cuando una lesbiana es violada con el fin de convertirla en una mujer de “verdad”. Nos matan cada vez que una lesbiana adolescente es expulsada del colegio con la excusa de que va a contagiar a sus otras compañeras. Nos matan cuando nos separan de nuestras amigas o cuando obstaculizan cualquier forma de socializar con mujeres como nosotras. Nos matan cuando nos llevan a un psicólogo creyendo que se puede curar eso que a nosotras nos hace más felices y más completas: amar a otras mujeres.

Y una lesbiana muere cuando decide vivir una vida que no es la suya, cuando rechaza, esconde y disimula sus deseos, cuando vive una doble vida. Una lesbiana muere cuando calla y normaliza la exclusión. Cuando niega la discriminación. Cuando siente culpa, vergüenza y miedo de vivir como lesbiana. Cuando pierde el poder de indignarse frente a un sistema que trata de devolverla al camino “correcto”, al camino de la sumisión y de la funcionalidad a una sociedad machista, misógina y lesbofóbica. Una lesbiana muere cuando no es capaz ni siquiera de decir su identidad en voz alta.

Nuestra lucha es porque el silencio no sea parte de nuestras vidas, un silencio que se nos enseña desde muy pequeñas y que solo contamina nuestras almas.

Vivir sin violencia es un derecho humano. Un derecho que las lesbianas reclaman con su propia vida. Vivir una vida libre, digna y justa. Una vida que no sea invisible, que no esté expuesta al acoso, al chantaje y a la represión. Una vida que pueda ser vivida de la mejor manera posible.

Existe una serie de demandas que exigimos que seguro mis compañeras en la mesa, todas expertas abogadas, enumerarán. Pero hay un tema que a mí me interpela mucho, y es el de la niñez lésbica. Supongo que es porque sé, como la mayoría de nosotras, lo que vive una niña lesbiana que no puede manifestar sus sentimientos más profundos a las personas que más quiere, a las personas que pertenecen a su núcleo afectivo más cercano. Es por todas esas niñas lesbianas que hoy también estamos aquí.

No nombrarlas también es invisibilizar su existencia, es creer que por generación espontánea a partir de los 18 años una recién empieza a sentirse lesbiana. La niñez lésbica es una de las realidades más ocultas de la sociedad. Nadie las menciona, por ende, no existen. Nuestra lucha es también porque estas niñas lesbianas tengan un lugar de enunciación, que sean capaces de reafirmarse en su identidad lésbica, y que su orientación sexual sea comprendida y respetada.

Yo realmente espero que las niñas lesbianas puedan algún día recibir el soporte emocional que necesitan para que no se vean afectadas en su calidad de vida, y este es trabajo que requiere una labor conjunta del Ministerio de la Mujer, del Ministerio de Educación y del movimiento LGTBI.

Una preocupación por parte del Estado y sus instancias que garantice que estas niñas lesbianas puedan ser felices, puedan desarrollar de forma integral su personalidad, gocen de una vida plena y satisfactoria, que se sientan libres de amar a quien quieran, que se sientan orgullosas de ser lesbianas, que se sientan orgullosas de sus deseos, de sus afectos y de sus vidas. Que se sientan orgullosas de ser lesbianas. Y que puedan vivir lo que suelan vivir sin imposiciones y con libertad.

(Verónica Ferrari es Linguista y Directora Ejecutiva del MHOL)

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