
El triángulo de la felicidad: Doris, Rock y Linda
Ser feliz en los ’60 era parecerse a ellos. Ni liberados, ni militantes, ni existenciales: felices. Doris Day y Rock Hudson fraguaron un molde cómico y romántico de pareja, con el codo apoyado


Hora de que vuelva Rock a escena. Sólo un auténtico macho, derroche de testosterona en la sonrisa y en esa espalda de cargador de pianos tan peinado podía poner un poco de orden en esta caja de locas y de paso hacer tambalear a la secretaria joven devenida Sra. Carrington. El objetivo de Rock (Daniel Reece): venir, besar, vencer. Romper la farsa, patear el tablero. Ni él mismo, ni los productores, ni el público, ni la pobre Linda Evans tenían idea de hasta qué punto iba a cumplir con lo que le estaban pidiendo.
El beso de la muerte...
Dejó todo con tal de estar allí. Y todo, en ese momento, era un costosísimo protocolo que bajo la tutela del doctor Dominique Dormont le administraban con bastante éxito en París. Experimentaban con una nueva droga (HPA-23) contra el “cáncer rosa” que


Ni Linda ni el director podían creer lo que estaba pasando: el plato fuerte de la temporada, por culpa de Rock, se convertía en un trámite anodino, beso casi casto que en nada se parecía a los que había dado en sus tiempos mozos, incluida la misma Linda. La escena se repitió una vez más, pero no hubo caso. Cuando apenas unos meses más tarde, el 25 de julio de 1985, desde París, se transmitía al mundo el anuncio oficial en la voz de su publicista Yanou Collart: “El señor Rock Hudson tiene el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, que le fue diagnosticado hace más de un año en los Estados Unidos”, este beso mezquino cobró sentido.
Nace el sida
Fue el primer indicio de hasta qué punto la llegada del sida iba a modificar las relaciones sexuales, amorosas, entre colegas, entre Estado y ciudadanía, y más. Linda Evans sintió, al menos hasta que tuvo los resultados de los análisis, el fuego del infierno, y no lo pudo disimular. ¿La había besado sabiendo que estaba enfermo? Había que hacerle juicio, había que matarlo.

El beso de la infidelidad recorrió el mundo y fue repetido por TV con la misma obsesión que el primer paso del hombre en la Luna. No era para menos. Registro único del instante en que un hombre, no cualquiera sino el paladín de la heterosexualidad se transformaba en gay, así, homosexual como era, besaba a una mujer (¡a la Sra. Carrington!) y con esto le pasaba la posta rosa al hemisferio hétero que había mirado para otro lado mientras un mal sin nombre liquidaba pervertidos.


El cholulismo, gran catalizador, consiguió inspirar más compasión que condena. Uno de los nuestros tiene sida. Uno de los nuestros es gay. ¿Dos enunciados falsos? Dos sensaciones térmicas que se instalaron bien en el fondo de los corazones criados a imagen y semejanza de Doris y Rock. Pocos días después del anuncio se organizó en Los Angeles una gala de honor para recaudar fondos: en una noche juntaron más de un millón de dólares con la venta de entradas; Hudson no pudo asistir, pero envió un telegrama que leyó Burt Lancaster: “No me alegra tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos mi desgracia tendrá algo bueno”.
¿A quién no le gusta ese closet?



Rock Hudson vivió en un closet de lujo desde que empezó a triunfar en Hollywood. Todos los hombres que se le antojaron pasaron por su cama. Fiestas faraónicas en “El Castillo”, corridas nocturnas y un aparato de prensa cuidadoso sirvieron para mantener oculta la doble vida. Un novio de años, los secretarios personales, los amantes golondrina, las estrellas, la exótica presencia del jardinero japonés y la piscina, el baño turco, el gimnasio, varios cocineros, el mayordomo que se paseaba en toallita cargando a la perrita Zil Tsu armaron una fiesta secreta. De haberlo sabido, qué alivio habrían tenido tantos hombres heterosexuales que trataban de imitarlo en vano. Cuánto se habrían preguntado las mujeres acerca de sus gustos y la masculinidad. El súmum de lo varonil estaba construido a fuerza de golpes y make up por un agente que se había acostado con él.

La traición del final
Si algo faltaba para que su historia se consagrara como abecé de los tiempos del closet más cerrado, era la traición de algún oportunista. Marc Christian, un amante mucho más joven, fue quien terminó de sacar a la luz todas las intimidades a la escena más patéticamente mediática. El joven había llegado a su mansión promediando la década del ’70, cuando un cincuentón Rock Hudson comenzaba a ver su declive.

En un primer juicio celebrado en 1989, el amante del actor obtuvo inicialmente 21,75 millones de dólares por daños y perjuicios, pero el tribunal de Casación redujo la cantidad a 5,5 millones. El tenaz demandante no se dio por satisfecho con esta cantidad, y en un segundo juicio logró que se admitiera la zozobra psicológica sufrida ante la perspectiva de “una muerte lenta e inexorable”. Un fallo eminentemente moral, sobre todo si se tiene en cuenta que los sucesivos test de VIH de Marc habían dado negativo al menos hasta cinco años después de la muerte del actor.
Rock Hudson sabía que esto iba a pasar, que su intimidad sería ventilada de alguna manera y es probable que eso lo empujara a decir la verdad públicamente, poniendo su cara y su historia a una enfermedad que marcaría el fin de siglo.
Luego decidió morir en su ley, en “El Castillo”. Por eso, 4 días antes abandonó Francia y el tratamiento que le habían propuesto pesando menos de la mitad de los 90 kilos que le habían dado la gloria. Contrató un Jet 747 para volver a Beverly Hills. Le costó 300 mil dólares. “Es el mismo presupuesto que me dan a mí para cuatro años de investigación”, comentó entonces el Dr. Dormont, mientras despedía a su paciente —su fracaso— más famoso. De todos modos, la brutal salida del closet del macho prototípico norteamericano cambió la historia del sida y obligó a buena parte del star system a comprometerse con una campaña que todavía no ha terminado.
No se llamaba Rock Hudson Cuando nació en Minnesota en 1925 le pusieron Roy Harold Scherer Jr, pero cuando su padre lo abandonó y su madre se casó de nuevo, pasó a llamarse Roy Fitzgerald. No siguió estudios académicos. Cuando intentó estudiar teatro, lo rechazaron por duro. Los 90 kilos y el metro noventa de altura lo habilitaron para desempeñarse como cargador de pianos. Otra changa, la de camionero, le permitió llegar a Hollywood y cruzarse con el productor Henry Wilson, gay orgulloso que declaraba su amor a los muchachos con talento o algo similar y, en la mayor parte de los casos, les conseguía una puerta a la fama. Con Rock tuvo que trabajar mucho. El muchacho siguió todos los consejos de su agente: tomó lecciones de actuación, cambió su guardarropas, practicó esgrima, levantó pesas en el gimnasio, bajó de peso, aprendió a caminar sin encorvarse y se sometió a un dentista que le confeccionó un dentadura acorde con su futuro rol de hombre feliz. La voz, un tanto afeminada, se curó con sesiones de gritos durante meses, hasta que casi le explotan las cuerdas y quedó ronco para siempre. Cuando estuvo listo, Wilson le cambió el nombre. Tenía que ser fuerte como el peñón (la roca) de Gibraltar e impetuoso como el río Hudson. Sí, así nació Rock Hudson. |
(Fuente: pagina12.com.ar)
2 comentarios:
Rock Hudson destapo el Sida,comodicen le dio Cara Famosa,pero hay que rescatar que arriesgo toda una carrera poruna causa:llamar la atencion y alertar al mundo lo que estaba pasando.
Despues de destapar que era gay y que teniasida,indudablemente muchosde sus seguidoras se sintieron decepsionadas,perootras despues del golpe rescataron su sacrificio.Yo recuerdo que enese tiemposellamaba erroneamente al sida el cancer gay,pero hoyen dia se sabe que no es asi,y que existen muchosheterosexuales con ese mal,es mas algunas primas mias al saber que era lesbiana se alejaron por que pensaban que las podia contagiar(tremendas babosas)pero estoy mas sana que cualquiera de ellas y vivo feliz a mis 32 años y enamorada de mi pareja hace 4 años.Hay muchopor informar sobre eso ya que todavia existe gente ignorante en el tema.y mucha gente que vive con el mal y no sabe que hacer.
Kat una pregunta ¿Se dice que Doris Day tamnbienera Gay? Que sabes al respecto.Y si fuera cierto imaginate la pareja mas famosa dlcine romantico era Gay.
Jaj si ps estuve averiguando pero al parecer cuando salió a la luz lo de Rock Hudson se empezó a especular con las actrices q tuvieron algun rol co-protagónico con el y q no tuvieran una vida afectiva estable, tal como Doris Day, no hay nada confirmado, aparte q el tabú de la época era peor q el de ahora, donde aún hay muchos artistas que viven aclosetados. Gracias por comentar, saludos.
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