06 noviembre 2012

Vero Ferrari: Revocatoria podrida

Transcrito de Diario16 - 05.11.2012
Por Verónica Ferrari
La revocatoria es un instrumento democrático y sirve para expulsar de su cargo a aquellas autoridades que no cumplen con lo que la población exige y demanda.
 
Una revocatoria democrática se gesta a partir del descontento popular. Primero, existe una percepción de desgobierno que se vuelve intolerable. Segundo, algunas organizaciones y/o movimientos sociales manifiestan públicamente la necesidad de cambio (juntas vecinales, comedores populares, sindicatos, etc.). Finalmente, son las firmas de una parte de la población las que encaminan el proceso.
 
Aparentemente, en Lima todo funciona al revés. El proceso de revocatoria empezó podrido y hasta el día de hoy no ha hecho otra cosa más que seguir pudriéndose y, de esa forma, mostrarnos el grado de podredumbre de nuestra “democracia”.
 
Al día siguiente de la elección de Susana Villarán como nueva alcaldesa de Lima, la maquinaria para revocarla también empezó a funcionar. Ella ni siquiera había asumido el cargo pero la telaraña de los corruptos ya había empezado a hilarse. Tampoco necesitó demostrar qué tan competente era en la administración de la capital, porque Lima es lo último que le importa a los revocadores.
 
Una revocatoria antidemocrática se gesta a partir de intereses particulares. Primero, existe un operador político de una mafia que no quiere perder su chacra, Marco ‘Turbio’ (el apodo le queda chico). Una mafia que no quiere que salga a la luz la estafa sistemática que significó la pasada administración de Castañeda y que pone todo su poder económico, mediático y político para evitarlo.
 
Segundo, al no tener la base social ni el apoyo de organizaciones ni movimientos populares, empieza a comprar firmas, con la complicidad de una prensa vocera de los intereses de la oligarquía (esa clase social que siempre ha pensado en sus propios intereses antes que en los del Perú) que se encarga, por un lado, de desinformar sobre la gestión de Villarán y, por otro lado, de satanizarla a ella junto con toda la izquierda.
 
Finalmente, estas firmas, conseguidas a punta de galletas, fideos e ignorancia, son llevadas a un Jurado Nacional de Elecciones que está dispuesto, pronto y presto a validarlas, y así mostrarnos cómo los magistrados (colocados por el aprismo, una de las fuerzas partidarias más corruptas de los últimos tiempos) funcionan también sobre la base de favores políticos.
 
Es así como en una pintoresca ciudad llamada Lima, una iniciativa tan infame podría hacerse realidad. Pero cuando algo está tan podrido, es inevitable que empiece a oler mal. Las y los limeños ya no podemos seguir tapándonos la nariz, no permitamos que la corrupción retome el control de la ciudad.


(Verónica Ferrari es Linguista, Directora Ejecutiva del MHOL y Columnista de Diario 16) 

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