12 noviembre 2012

Vero Ferrari: Ser diferente es un crimen

Transcrito de Diario16 - 12.11.2012

Por Verónica Ferrari.
 
Leer la sentencia que sustenta la condena a 30 años de cárcel para Abencia Meza por instigadora del delito de homicidio agravado de Alicia Delgado es como volver a leer esos ensayos clínicos que aparecieron en los años 40 con el boom de la sexología, disciplina médica encargada de categorizar lo correcto e incorrecto de la sexualidad, y en donde las y los homosexuales eran considerados enfermos y convertidos en seres monstruosos con el fin de controlar vidas que no encajaban en la heterosexualidad.
 
El perito psiquiatra Víctor Guzmán Negrón declara lo siguiente: “La opción sexual en la procesada es exactamente una opción, una preferencia (…). Cuando existe este tipo de vínculos (homosexuales), se dan en una intensidad mayor en función a las características del medio circundante, puesto que luchan contra la corriente”. Y añade que Meza presenta “actitudes que se apartan de las reconocidas como aceptables dentro del ámbito sexual” y que “cuando le gustaba una mujer, le obsequiaba regalos o dinero con la finalidad de que accediera a su requerimiento amoroso. Todo estaba en función de su poder económico”.
 
El dictamen pericial manifiesta que Abencia “presentó trastorno de la identidad sexual, caracterizado por la identificación de modo intenso y persistente con el sexo masculino, asumiendo un rol activo. Evidencia baja autoestima y sentimientos de minusvalía generados por celos, resentimiento y rencor (...). En una relación simbiótica (es decir, lésbica) como la de este caso, no se respetan los límites de dependencia, no se respeta la individualidad, hay un control obsesivo sobre la otra persona, celos”.
 
Según la defensa de Abencia, “se establece un primer móvil pasional y se habla de una teoría bastante discutida de Sigmund Freud: la envidia del pene. Se supone que Abencia entra en cólera y decide matar a Alicia Delgado porque ella tiene una relación con el arpista, quien tiene algo que ella no tiene (un pene), por eso decide matarla”. También señala comentarios soterrados que refuerzan la idea de Abencia como un ser monstruoso y asesino, por ejemplo, cuando el perito dice que “ella de niña mataba pollos, de adulta mata personas”, o cuando el fiscal dice que “como no puede competir con un hombre, mata por celos”.
 
En la sentencia, la Fiscalía sostiene que Meza, “en su relación de pareja, se caracteriza por ser obsesiva (dependencia, celotipia y control), lo que la conllevó a ordenar este homicidio, resultando así de vital importancia lo mencionado por el perito”. Por lo tanto, basándose en la pericia psicológica, concluye que “lógicamente, esta descripción nos proporciona un panorama de su personalidad que sustenta su autoría en la comisión de los delitos imputados”.
 
Nos resulta increíble creer que, con lo avanzadas que están las ciencias forenses en el mundo, se sigan realizando estos análisis primariosos, dignos de un principiante del periodismo sensacionalista, que sean avalados por el Estado y, peor aún, que resulten determinantes en nuestras vidas y en la destrucción de nuestro futuro.
 
La sentencia a Abencia Meza a 30 años de cárcel (que posiblemente sea ratificada en pocos días) prepara el terreno para una serie de injusticias penales hacia otras mujeres lesbianas o con actitudes que no encajan en lo que se espera de nosotras, como Eva Bracamonte, a quien probablemente le ratificarán la condena, y Rosario Ponce, a quien probablemente condenarán. Y, aunque las absuelvan, ya tienen la condena y el desprecio de la sociedad.
 
¿Quién garantiza a las peruanas que estas pericias no están llenas de prejuicios y misoginia? ¿Quién nos asegura que estos “profesionales” realizan sus análisis objetivamente y con sustento científico? ¿Quién nos garantiza la justicia en el Perú? Es urgente que exista un ente que regule las pericias psicológicas y forenses, la presión mediática y la violación de los derechos humanos que el Estado comete contra personas que son afectadas por diversas formas de exclusión. La justicia en el Perú necesita desterrar estas taras que solo profundizan la injusticia.

(Verónica Ferrari es Linguista, Directora Ejecutiva del MHOL y Columnista de Diario 16)
 

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