31 octubre 2012

Reflexionando sobre lo queer

Por: Crissthian Manuel Olivera Fuentes

Fundación transgresora
Lo queer es una respuesta de un sector de gays, lesbianas, bisexuales y trans (GLBT) de EE.UU. ante el rumbo que había tomado el movimiento homosexual.

Con la intención de ser eficaces en la demanda de los derechos civiles, un buen grupo de homosexuales se hizo visible en los años 80. Fue precisamente ese sector el que se convirtió en defensor de un status quo conservador en la búsqueda por su incorporación al sistema.

Se apartó a aquellos que pudieran dificultar el proceso y el movimiento se volvió sólo para hombres homosexuales, blancos, de clase media alta y sanos. El resto (torteras, maricas, drag queens, sadomasoquistas, seropositivos, transexuales, no-blancos) apenas existía en las agendas de los grupos homosexuales.

A principios de los 90 surgió un grupo conformado por este tipo de personas. Reflexionaron sobre la lucha, la identidad y la diversidad, allí nace lo queer como tal. Se apropiaron de la injuria (en ese entonces queer era un insulto contra quienes no encajaban en la sexualidad dominante) y la tomaron como identidad precisamente para enfrentar a quienes les habían marginado.

De ese modo, se convirtieron en los productores del discurso o como dice Beatriz Preciado en “el sujeto de la enunciación” (las minorías sexuales generalmente habían sido el “objeto estudiado”).

Postulados básicos
Lo queer es antinominativo y antiesencialista, postula que la identidad que en un momento determinado de nuestras vidas las personas asumimos no representa nuestra esencia. La identidad es más bien una actitud continua. Se plantea la sexualidad como un río que va discurriendo por múltiples cauces.

Thomas Laquear en su texto “La construcción del sexo” explica cómo hasta el siglo XVIII existía sólo un sexo: el hombre, y una versión imperfecta: la mujer. Se pensaba que tenían los mismos órganos genitales, pero que la mujer no los había sacado al exterior.

Algunos estudios revelan que en una cultura existen 43 categorías sexuales y algunos sexólogos consideran que en la cultura occidental actual hay cinco sexos (Ann Fausto-Sterling).

No importa cuántas categorías haya, lo importante es darse cuenta que el sexo y el género son una construcción histórico-social. Sin embargo, la deconstrucción de una supuesta sexualidad “natural” que hace la teoría queer no pretende borrar al sujeto, sino posibilitar otras enunciaciones del mismo y con ello nuevas posibilidades para articular la política.

El sujeto, al carecer de un contenido que lo defina permanentemente, es móvil en función de la posición política. La teoría queer plantea la enunciación de un yo estratégico, existirá en donde pueda adquirir un significado político. Pero no hará referencia a una esencia ni tratará de capturar por completo su referente. En ese sentido nos reinventamos cada día. La identidad queer es entonces una acción, no una esencia.

Sexo y género
El sexo es lo que en principio nos define a todos como personas, se supone que nacemos con un pene o una vagina y a partir de ese hecho se nos determina. Si un bebé nace con una “anomalía” (los intersexuales por ejemplo) la medicina lo opera rápidamente para integrarlo al sistema de lo humano, lo transforma hacia alguna de las dos opciones posibles (hombre o mujer).

En el plano social, hay que demostrar continuamente que somos hombres o mujeres en nuestro aspecto y roles. Es lo que Judith Butler llama performatividad del género. Desde lo queer, el género no es una característica nominal importante. La identificación o no con un género no supone ninguna esencia en nuestra persona.

Cabe aclarar que la teoría queer no propugna la desaparición del género, defiende su transgresión, propugna la performatividad del habla así como de los actos corporales. Lo queer no pretende eliminar categorías, sino construir otras o defender el derecho a no tener que encasillarse en alguna.

Cuando se analiza un tema bajo lo queer se ven todos los aspectos de una persona, no sólo el género y la identidad sexual, sino la etnia/raza, la clase, la edad, la condición de salud, etc., y cómo se relacionan entre sí. Lo queer como herramienta teórica nos permite cuestionar, no dar por hecho nada, ni siquiera la propia teoría queer.

A nivel militante, queer es estar abierto a la diversidad, a no tener ni esperar conductas normativas, a no definir el género de una persona en función de sus genitales, a cuestionar las jerarquías, a visibilizar otras realidades.

Necesidad de visibilidad
Nuestra cultura es aún machista, heterosexista, homo/lesbo/transfóbica, y basa, en parte, su dominio invisibilizando  o desdibujando a los que somos diferentes, haciéndonos marginales.

Es por ello necesario enumerar explícitamente a los grupos históricamente discriminados. Hay poblaciones que experimentan situaciones particulares de vulnerabilidad y, por lo tanto, es preciso nombrarlas, para que sus derechos sean garantizados, promovidos, defendidos y ejercidos plenamente.

Si bien la teoría queer postula que las identidades son ambiguas, fluctuantes, variadas y no-fijas, también es cierto que la discriminación hacia personas GLBTR (“R” por lo de gente “rara” o “queer”) se da sobre la base de una identidad sexual y/o de género que se percibe en cada una de ellas (afeminamiento, masculinización, travestismo, excentricidad al vestir, uso de símbolos como la bandera arco iris, etc.). Mientras eso ocurra será importante enumerarlas, asumir las etiquetas en su sentido práctico y político, a pesar de saber que no son suficientes para explicar quiénes somos.


Crissthian Olivera Fuentes es comunicador social, activista gay en derechos humanos, ex Director Ejecutivo del Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) y actualmente cursa un Diplomado de Derechos Humanos.

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