14 abril 2014

Jorge Bruce - La Republica: Amor y Psicosexualidad #UnionCivilYA

Transcrito del Diario La República - 14.04.2014
Publicación original

Por Jorge Bruce

Amor y Psicosexualidad


Pese a las resistencias de algunos sectores recalcitrantes, para quienes la unión entre personas del mismo sexo contraviene un imaginario orden natural o normal (como si la sexualidad humana fuera programada, es decir solo instintiva, animal), las leyes peruanas e internacionales amparan dicha unión sin ambages. Por lo tanto voy a ocuparme de otra cosa, la que me concierne como psicoanalista: la psicosexualidad y los vínculos entre las personas. El asunto es así: lo que está debatiéndose en el Congreso no es solo una cuestión de patrimonio y derechos, de suyo esenciales para la igualdad ciudadana. También hay de por medio –y pienso que esto es lo que desespera a quienes se oponen al cese de esta forma odiosa de discriminación contra los homosexuales– la cuestión del deseo.

Es la libertad de ese deseo erótico –Eros significa unir, vincular, religar, en oposición a Tánatos, que separa, divide, dicho sea de paso– lo que asusta a muchos: ¿mi hija o hijo puede sentir atracción por una amiga o amigo? ¿puede acariciarse o hacer el amor con una persona de su mismo sexo? No nos engañemos. Es cuando uno se ve confrontado con estas probabilidades con personas de nuestra familia cercana, que nuestras convicciones se ponen a prueba de veras. Y, acaso más importante, nuestro amor por esas personas.

Hace poco un joven me contaba que su hermano le había dicho, por primera vez, que era gay. Él ya lo sabía, pero nunca antes habían tenido esta conversación. Pero lo más sorprendente vino a continuación. El muchacho agregó, y los ojos se le humedecieron, que su hermano le agradeció, también él con los ojos encendidos y húmedos, por las muchas veces que lo había defendido. Debo decir aquí que las lágrimas pugnaban por acudir a mi mirada, también. Que un chico no especialmente gay friendly saque la cara por su hermano, porque es su hermano, me pareció que iba a lo esencial.

No tengo que estar de acuerdo. No tiene que gustarme. Me puede ser indiferente. Pero no voy a permitir que abusen de mi hermano. Que lo maltraten porque su deseo no coincide con el de la mayoría ni con el que manda la iglesia Católica. Dejo a un lado mis preferencias y pongo por delante el amor y la solidaridad.


Me parece que eso fue parte importante en la marcha por la unión civil del sábado. Un acto masivo de fraternidad. También, como dijo Sergio Tejada, de igualdad y solidaridad. Cuyo mensaje era que todos tenemos derecho a nuestro deseo, siempre y cuando no viole los derechos de otros, como en la pedofilia, cuyos casos abundan más bien entre quienes más se oponen a la libertad sexual, entre quienes la reprimen ferozmente. La alegría de este acto expresa con claridad las motivaciones de quienes acudieron (no pude hacerlo pero lo seguí de cerca por diversos medios). Como el joven arriba citado, defiendo a mis hermanos y exijo que se les respete. El viejo hoy por ti, mañana por mí. El bien común. Ya que hablamos de familia, permítanme terminar con un reconocimiento de vínculos: estoy orgulloso de lo que está haciendo mi primo Carlos Bruce.

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