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14 octubre 2014

La masturbación femenina, la estimulación del clítoris y el orgasmo

Extraido de "El Confidencial"

Por M.V. Ramírez


Clítoris, ese gran desconocido.


Parece mentira que en pleno siglo XXI, cuando, en teoría, estamos tan “liberadas”, sigamos encontrando tantos prejuicios e ideas erróneas con respecto a la masturbación femenina, en este caso específicamente, la estimulación del clítoris. Vamos a dedicar, por ello, unas líneas a hablar de esta práctica.

Muchas mujeres heterosexuales se encuentran preocupadas porque no llegan al orgasmo en sus relaciones eróticas. Indagando un poquito más en la situación se suele descubrir que lo que ocurre realmente es que no consiguen alcanzar orgasmos durante el coito con su pareja masculina, pero sí lo logran mediante la masturbación (en solitario o en compañía) u otras prácticas como el sexo oral.

Las féminas pueden fácilmente llegar al orgasmo por la masturbación pero, dada la concepción falocéntrica de la sociedad actual, a muchas parejas heterosexuales y homosexuales, porque no decirlo, no se les ha ocurrido siquiera intentar que ella llegue al orgasmo mediante alguna relación erótica que no fuera el coito.



Parece mentira que todavía tengamos que volver a un tema que los especialistas han descubierto hace tanto tiempo: que el coito por sí solo (heterosexual) resulta un estímulo insuficiente para la obtención del orgasmo en la mayoría de las mujeres. Esto no quiere decir en absoluto que las mujeres “sean más lentas” o “estén menos preparadas para disfrutar”. Las mujeres tienen la misma capacidad para disfrutar que los hombres y también para tener orgasmos, pero los tienen más fácilmente con masturbación, con caricias en el clítoris, o con sexo oral, que con coito.

¿Por qué? Pues porque la estimulación del clítoris es sumamente importante en la obtención del placer y orgasmo femeninos. Igual que para la mayoría de los hombres la estimulación del pene suele tener importancia en la obtención de orgasmos. El problema es que en muchas ocasiones durante el coito se estimula el pene pero no se estimula el clítoris, ya que el glande del clítoris se encuentra fuera de la entrada vaginal.

Hay parejas heterosexuales que durante el coito también estimulan el clítoris femenino. Es importante decir que sin el pene del varón en la vagina, si ellas hicieran los mismos movimientos de frotamiento con el pubis, tendrían el orgasmo igual en la mayoría de los casos.

En definitiva, cuando las mujeres heterosexuales tienen un orgasmo durante el coito, en la mayoría de los casos no se debe al estímulo del varón en su vagina, sino a que se están estimulando de forma directa o indirecta el glande del clítoris. Según los estudios de Shere Hite (Informe Hite sobre Sexualidad Femenina), el 70% de las mujeres no tienen orgasmos durante el coito, aunque la mayoría pueden tenerlo fácilmente con otro tipo de relaciones eróticas (masturbación manual, masturbación oral, caricias en el clítoris…). Bingo.

El 30% de las mujeres que tienen orgasmos durante el coito, lo tienen en la inmensa mayoría de los casos, por estimulación directa o indirecta del clítoris, no por la penetración en sí. Por tanto, el que una mujer no alcance el orgasmo durante el coito no significa que tenga algún trastorno, ni que sea “anormal” o “esté mal hecha”, sino que tal vez no reciba la estimulación que necesita.


Ignorancia y pornografía

Es tal la ignorancia sobre la masturbación femenina, y sobre la anatomía erógena de las mujeres, que a veces se usa la expresión “hacerse un dedo” para hablar de la masturbación en la mujer, cuando la inmensa mayoría de las mujeres no se masturba metiendo nada en su vagina (ni un dedo, ni un sustituto del pene, ni ningún tipo de objeto). La mayoría de las mujeres cuando se masturba hace simplemente lo que más placer le da: estimular el glande del clítoris, que por cierto, no está precisamente en la vagina.

Si esto es lo que hacen las mujeres cuando están solas para darse placer, ¿por qué ha de suponerse que en pareja van a disfrutar necesariamente más de la estimulación en su vagina? Todo esto, teniendo en cuenta que es posible aunar estimulaciones. La vagina, el clítoris y el conjunto de la vulva no es algo parcelado, puede estimularse conjuntamente.



La importancia de la masturbación

También hay muchas mujeres que tienen dificultades para alcanzar el orgasmo durante el coito, y tampoco han intentado nunca masturbarse.

Es importante que la mujer aprenda a conocer su propio cuerpo, sus genitales, que se observe en un espejo frecuentemente los mismos (los genitales femeninos son muy hermosos y limpios), que dedique tiempo a acariciarse a sí misma, a mimar tu cuerpo sin castigarlo con dietas estrictas o comparaciones con modelos de belleza irreales... y esto, de paso, supondrá la liberación para muchos hombres, que se sienten responsables de un placer que ni ella misma sabe cómo producirse.

Las mujeres que no se han masturbado nunca, pueden probar a hacerlo. Tienen de esta forma la posibilidad de descubrir las zonas que le produce mayor placer tocar, recorriendo toda su piel con sus manos, sus ojos, su olfato, explorando y reconociendo las diferentes partes, y aplicando caricias suaves y rítmicas en las zonas de mayor sensibilidad al tiempo que dan rienda suelta a su imaginación...

Si una mujer aprende la forma de darse placer a sí misma (dónde tocarse, con qué ritmo, qué fantasía utilizar...) puede usar estos conocimientos para disfrutar en la relación erótica con su compañero o compañera, enseñándole cómo y de qué forma acariciarle, jugando con la masturbación en pareja... y también puede usar estos conocimientos para disfrutar en solitario, cuando lo desee.

Si a pesar de intentar todo esto, la mujer sigue teniendo dudas o continúa la ausencia de orgasmos, una la visita a un sexólogo/sexóloga puede ser una buena idea.


Miedos y sentimiento de culpa
Lo cierto es que en nuestra cultura durante mucho tiempo se ha hablado de la masturbación en términos bastante negativos, especialmente de la femenina, que se ha castigado duramente. Entre otras cosas, se decía que la masturbación en los muchachos (en las muchachas se daba por sentado que no existía) producía terribles males como los siguientes: se te seca la médula, te quedas ciego, te salen granos, no creces, te quedas sin energía, se te acaba el esperma, etcétera...

Por supuesto, todo esto es falso. La masturbación no causa problemas físicos ni psíquicos. Ni en el hombre ni por supuesto en la mujer. Y tampoco perjudica a la relación de pareja, sino más bien lo contrario.

Los únicos problemas que puede causar la masturbación son los derivados de los sentimientos de culpa que muchas veces van asociados a la misma, y que son producto de la educación que en muchos casos se ha recibido, en la que la sexualidad es vista como algo sucio, vergonzoso y condenable, que únicamente tiene sentido si lo "usamos" para tener hijos o hijas. Especialmente en las mujeres.

La masturbación no sólo no produce efectos negativos sino que tiene muchos beneficios: relaja, es una forma de liberar tensión, gozar, experimentar con el propio cuerpo, y supone un buen entrenamiento a la hora de conocer la forma de obtener placer y orgasmos. La masturbación (femenina y masculina) en muchos casos resulta beneficiosa para la vida erótica en pareja, ya que permite conocer el propio cuerpo, y saber cómo obtener orgasmos y placer.


* Se han hecho algunas modificaciones en el texto.

30 septiembre 2011

Patricia del Río - Perú 21: Aquí no pasa nada

Transcrito del Diario Peru 21 - 17.09.2011

Por Patricia del Río

Aquí no pasa nada
Siempre me pregunto cuándo llegará el día en que caminar por las calles deje de convertirse en un deporte de aventuras para las mujeres. A veces nos ganamos con un simple: “Psst, psst, flaquita”. Otras nos toca un mañosón que nos persigue cuadra y media haciendo unos ruidos horribles. Nunca falta el que cree que puede referirse a nuestro cuerpo como si fuera un plato de Mistura: “Qué rico culo, mamita”, “me comería tus…” “te chuparía la ….”. Ya, mejor ustedes completen.

Las mujeres no nos hemos resignado. Todos los días insultamos, gritamos y hasta lloramos de rabia. Pero nada cambia. El acoso es cotidiano y, salvo protegernos con sprays de pimienta o clases de karate, no tenemos mucho más que hacer. Cuál debería ser nuestra estrategia: ¿Acercarnos al policía de la esquina? ¿A decirle qué: “A ese señor le gusta mi poto”? No pues. Nadie está dispuesta a pasar por tremenda humillación por las puras. Al acosador no lo van a encarcelar, y lo más probable es que al policía le parezca que llevamos la falda muy corta y que la culpa es nuestra.

Así estamos. La violencia contra la mujer crece a pasos agigantados, y la ministra Aída García Naranjo tiene el firme propósito de enfrentar el problema con una justicia de género. Es decir, dictando leyes severas y específicas que reconozcan el feminicidio, sancionando efectivamente a los culpables. Y todo eso está muy bien. Sin embargo, cuando veo a una chica, aterrada, pasando al lado de una turba de escolares que se la comen a groserías, no puedo dejar de pensar que este es un tema muy complejo que ni las leyes ni las líneas de ayuda van resolver, porque insistimos en plantear soluciones para cuando el daño ya está hecho. La gran pregunta es: ¿Cómo convencemos a los hombres de que las mujeres merecemos respeto siempre? ¿Cómo nos adelantamos para evitar el golpe en lugar de curar el ojo morado?

Para que un problema se resuelva, el primer requisito es que los involucrados se enteren de que existe. Las mujeres lo tenemos bastante claro. Y si por casualidad nos olvidamos, zas, aparece el vivazo de turno con un piropo vomitivo y nos devuelve a la triste realidad. Hace unos días, por ejemplo, apareció un enfermito en el Twitter (la red social de moda) y, entre otras gracias, nos amenazó a varias mujeres con violarnos salvajemente. Suena terrorífico, ¿no? Pues lo es. A modo de experimento y de queja por las agresiones, escribí esta frase en mi cuenta que puede ser vista por más de 17 mil personas: “La peor desigualdad entre los hombres y las mujeres es que nosotras vivimos con miedo: con miedo a que nos violen en el taxi, a que nos acosen, a que nos peguen... Miedo a que no nos alcance la fuerza para defendernos”.

Y las respuestas, como se imaginarán, fueron de lo más diversas. Obviamente, la gran mayoría de mujeres se sintió identificada y contó alguna experiencia traumática. Pero no pocos hombres se pusieron a la defensiva y negaron el problema, con respuestas indignantes o que denotaban una absoluta ignorancia de lo que realmente ocurre. @Carlos_Zafra, por ejemplo, me escribió: “Mayor miedo es que nadie te quiera violar”. El solícito @renatomast me lanzó la siguiente perla: “Quién te ha metido la mano, preciosa”. Al reflexivo @Deiver20 le dio por regañarme: “Totalmente exagerado, yo no soy machista, las cosas malas nos pasan por igual a los hombres y mujeres”. @MauricioRozasV se puso poético: “El ser humano siempre está inconforme. Si guapas... que las acosan mucho. Si no-guapas... que nadie las mira”; y a @pericosSAP se le salió una típica vulgaridad de macho: “Lo único que me da miedo es dejar a una mujer con ganas. Me pone los cuernos. Debo acabar después de Ella”.

Y esto es solo una muestra. Más allá de la falta de creatividad y de la pobreza de respuestas, creo que el punto está claro: muchos hombres en el Perú son incapaces de siquiera ver el problema. Para ellos, aquí no pasa nada, nos tildan de paranoicas, de locas histéricas, mientras van pensando el nuevo piropo vulgar con el que harán sonrojarse a esa mamita rica que se asoma por la esquina.

31 agosto 2011

Juan Infante (Radio Capital) - La Mula: Phillip Butters

Transcrito de La Mula - 28.02.11 

Por Juan Infante 

Phillip Butters 
Trabajo en radio Capital, el medio de comunicación que, en mi opinión, Phillip Butters está utilizando para hacer apología de la violencia contra las personas homosexuales. Siento una profunda vergüenza de que esto ocurra en el lugar donde yo también trabajo. Los que laboramos en un medio sabemos de la enorme responsabilidad que tenemos cuando expresamos nuestras opiniones. Y Butters viene sosteniendo reiteradamente que pegaría a dos varones que se besen frente a su casa. Dice que lo haría por sus hijas, su esposa y su mamá. Cuando él dice eso, en mi opinión, está haciendo apología de la violencia en nuestras casas, tiendas, autos, en la combi donde nos movilizamos y en todo lugar donde radio Capital esté sintonizado en ese momento. Está haciéndolo cuando muchos niños y niñas de la misma edad de los suyos pueden estar escuchando la radio. 

Butters nos agrede a todos los que no pensamos como él, de la misma manera que él dice que se sentiría agredido si dos miembros del MHOL o Gonzalo Torres y Carlos Carlín se besan en la puerta de su casa. 

Butters está con nosotros si la radio está encendida y él, en mi opinión, promueve la violencia sexual sin advertirnos que apaguemos la radio porque va a decir una opinión tan agresiva con otros seres humanos en un horario matinal y de protección a los menores. Me apena sobremanera saber que Butters está, con esas opiniones, humillando y arrinconando a decenas de miles de hombres y mujeres homosexuales, avergonzando a sus familias y envalentonando a un montón de personas a que maltraten a miles de niños, jóvenes y adultos en los colegios y en las calles. 

Si Butters tenía algo que decirle a los dirigentes del MHOL o a Carlos Carlín y Gonzalo Torres bien les pudo escribir un mail, llamarlos por teléfono o mandarles una carta notarial. 

Todos sabemos lo que ocurre en los colegios y en las calles y lo crueles que pueden ser los varones de muchachos con un compañero con una orientación sexual distinta a la de la mayoría o con alguien a quien simplemente han catalogado de homosexual. Con sus enunciados violentos Butters podría estar multiplicando además de avalando estas actitudes. 

Repito, yo estoy avergonzado y profundamente apenado de que esto haya ocurrido en un medio en el que yo trabajo y considero, que Phillip Butters debe pedir disculpas sinceras a las familias que escuchan radio Capital y a todos sus compañeros de trabajo. 

28 agosto 2011

Jenny Llanos - Peru 21: Hembros y machas

Transcrito del Diario Perú 21 - 30.01.11

Por Jenny Llanos

Hembros y machas
El derecho a ejercer control sobre sus cuerpos es el principal punto de coincidencia entre feministas y activistas gays. Si las mujeres heterosexuales reivindicaban el libre acceso a métodos de anticoncepción y (siguen reivindicando, en países como el nuestro) la legalización del aborto, los gays reclamaban (y siguen reclamando, en ciertas partes del mundo) que las autoridades los dejaran hacer con sus aparatos genitales lo que buenamente se les antojara, tal y como los varones heterosexuales venían haciendo desde las cavernas.

Pero ese no es el único factor común de ambos movimientos. Durante mucho tiempo cualquier actitud poco convencional de la mujer –desde hilvanar un par de lisuras hasta trabajar fuera de casa– se castigaba con un “pareces machona”. Ahora, a los homosexuales que exigen que se les reconozca el derecho de contraer matrimonio les dicen que “parecen hembritas”.

No por gusto, gays y mujeres hemos tenido que abrir a patadas las puertas que nos habían cerrado desde los siglos de los siglos: las mujeres salimos disparadas de las cocinas, y la comunidad gay no termina de salir del clóset. Diferencias aparte, ambas analogías se resumen a lo mismo: romper el encierro –de la vida doméstica, en el caso de la mujer; del silencio, para los homosexuales– y tomar posiciones en la esfera pública. De ahí que, pese a no pocas discrepancias de fondo, el feminismo y el activismo homosexual han avanzado hombro a hombro en las décadas recientes. Si alguna institución ha favorecido esa cohesión, esa es sin duda la Iglesia, infatigable en su deber de acercarnos aun más en el baile de los que sobran.

La iglesia que no acepta el divorcio de heterosexuales tampoco acepta el matrimonio de homosexuales. La iglesia que les da la espalda a los homosexuales, recibe con los brazos abiertos a las mujeres dispuestas a someterse a una de las jerarquías más descaradamente falocráticas que se conozcan. Esa iglesia que conmina a las mujeres a tener hijos contra su voluntad y que abomina de los métodos anticonceptivos es la misma que se niega a aceptar que los homosexuales sean autorizados a adoptar a los niños que otros no quieren.

Con todo esto, es natural que las personas abiertamente lesbianas o gays no se dejen ver a menudo por las parroquias. En cambio, sí resulta por lo menos extraño que hasta el momento no se haya detectado un significativo descenso de fieles femeninas en las filas católicas, apostólicas y romanas. Quienes han reparado en este curioso detalle, creen que todo se debe a que las mujeres somos más tolerantes con el maltrato. Más me pegas más te quiero, así sería nuestra relación con el ente eclesial: Me impides oficiar misa, pues no me pierdo ni una. Me prohíbes que tome la píldora, bueno, me conformo con la hostia. No quieres que use condón, entonces me pondré un hábito.

Si esta es la explicación correcta, pues nada, van por buen camino los prelados. Más bien qué esperan para incorporar otras medidas punitivas contra el sector femenino antes de que sus ovejas masoquistas se muden a la mezquita más cercana.

Sin embargo, hay quienes sostienen una teoría bastante más interesante. El futuro de la iglesia católica son las mujeres. Se acerca el tiempo –dice esa voz que grita en el desierto– en que esas mujeres que hasta hoy solo han apretado los dientes frente a la hostilidad de sus pastores, se tropezarán con la cachetada que les quite las ganas de poner la otra mejilla. Si es que eso no ha ocurrido ya. Porque ya sabemos lo que se dice por ahí: que una mujer puede aguantar mucho, demasiado inclusive, pero anda a ver cómo se ponen cuando les quieren crucificar a sus hijos. O a sus nietos. O a sus hermanas.

De ser así, deberían pensárselo mejor los que toman las decisiones en las altas esferas terrenocelestiales. Por ahí que –como diría el profeta– todavía tienen chance de enmendar el camino. No vaya a ser que uno de estos días las mansas ovejas se despierten convertidas en machos cabríos, sin una pizca de vergüenza. Ni de temor.

26 agosto 2011

Rocío Silva Santisteban - La República: El asco al maricón

Transcrito del Diario La República - 20.02.11

Por: Rocío Silva Santisteban

El asco al maricón
¿Por qué dos chicos que se besan en la Plaza de Armas, sí, “provocadoramente” en las escaleras de la catedral, producen una especie de prurito en el alma heterosexual de un policía, una picazón existencial que le irrita en lo más profundo de su sexualidad?, ¿y por qué, no conformes con zarandearlos, separarlos, golpearlos con el escudo de plástico, cuando se van corriendo para refugiarse en un café, los persiguen y los acorralan dentro de una ¡¡galería de arte!!? Los mismos policías, ante el beso de dos chicas lesbianas, apabullados por tanto afecto inenarrable, hacen lo mismo, pero con un agravante: les tocan el sexo y los senos. Tocamientos indebidos. “A un maricón lo golpeas para que se haga hombrecito; a una marimacha te la agarras para que sepa lo que es bueno”. Esa mentalidad, señor ministro del Interior, nos debería dar vergüenza e indignación, porque no es otra cosa que la discriminación sexual en su estado prístino.

¿Por qué surge este asco al maricón? Sencillamente porque representa eso que no deben permitirse los machos: la penetración. Según los mandatos del machismo, el afeminado, el hombre que es amujerado o penetrado, es aquel que no puede construir su masculinidad y que permanece como el chivo expiatorio de la masculinidad de todo el conjunto. ¿Y por qué la irritación ante la lesbiana pública (en privado son los machos más machos quienes se excitan con pornos de sexo entre mujeres)? Porque representa aquella mujer que no se deja penetrar y que goza del sexo con otra mujer no para deleite del varón-voyeur, sino por su propio deleite.

Lo “marica” es aquello que se excluye de arranque en la actuación de la masculinidad con el objetivo de organizar sus límites: lo que está afuera, lo que definitivamente no debe ejercerse, ni hacerse ni permitirse, pero sí saberse, porque es preciso marcar con una tiza roja los límites de lo abyecto. Para que un “hombre sea hombre” en un mundo machista lo que debe de primar es la constitución de una esencial masculinidad que pasa por ser el penetrador, no el penetrado; por ser el castigador, no el castigado; por ser el activo, no el pasivo. Por lo mismo, para que una “mujer sea tal cual” debe ser la pasiva, la dominada, la abnegada, la que no goza de su propia sexualidad, la madre siempre virgen. Todo lo contrario es, por lo mismo, lo “provocador”: aquello que irrita por diferente, porque se expone, porque ataca el núcleo duro de lo “normalizado”.

Por perseguir el pánico a la provocación, los ministros, los policías, los bienpensantes, no se dan cuenta de que están echándole gasolina a la perversión. Porque ser perverso no es ser libre en el ejercicio de su sexualidad, sino permitir que el odio se instale en nuestras vidas y que el ejercicio de la violencia sea la forma de limpiarse de un asco incontrolado por temor, en el fondo, a que uno mismo sea maricón/lesbiana. El asco al maricón es la teoría; el asesinato a mansalva, una de sus prácticas. El asco a la lesbiana es la teoría; la violencia sexual, su práctica más siniestra. Por lo tanto, señor ministro del Interior, ¿quiénes son los perversos?

*Aclaración: cuando me refiero al “maricón” en este artículo, no estoy haciendo mías las palabras del monseñor Bambarén para calificar a los homosexuales, sino que estoy hablando de un estereotipo clásico de una sociedad machista como la peruana: el maricón es el homosexual percibido como abyecto.

23 agosto 2011

Raúl Tola - La República: El prejuicio en campaña

Transcrito del Diario La República - 29.01.11

Por: Raúl Tola

El prejuicio en campaña
La polémica por la igualdad de los derechos de los homosexuales acaparó titulares estas últimas dos semanas de la manera menos deseable: a partir de declaraciones poco felices, ejemplos del pensamiento machista, conservador y trasnochado que deberíamos desterrar.

Primero fue Luis Castañeda. Cuando Carlos Bruce señaló que los ataques de SN contra Alejandro Toledo estaban motivados por el nerviosismo, ya que el ex primer mandatario marcha primero en las encuestas, Castañeda replicó: “Bueno, ésa es una loca…”.

Ante el estupor generado, hizo una pausa y, como quien disimula, añadió: «Es una loca afirmación que se hace al respecto». Antes de improvisar otra respuesta de este calibre, al candidato de SN le convendría entender que, cuando habla, se dirige a un auditorio nacional, vasto y diverso, que merece respeto e inteligencia, y no solo a sus amigos de peña.

Poco después fue monseñor Luis Bambarén, que dijo: “Por qué hablan tanto de gay, gay, gay. Hablemos en castellano, en criollo: son maricones. Así se dice, ¿sí o no?”. Estimo mucho a monseñor, quien llegó a disculparse por las palabras ofensivas, pero no puedo dejar de lamentar un exabrupto que, como el de Castañeda, transpira homofobia y prejuicio.

Finalmente, la Conferencia Episcopal publicó: “Al servicio de la dignidad humana y el bien común”. Allí, preocupados por el debate electoral, y cumpliendo con “el deber de orientar a los fieles en aquellos planteamientos que, por sus implicaciones religiosas, contradicen las enseñanzas de la Iglesia”, los obispos insistieron en su defensa de la familia, y en su conocida oposición al aborto, la eutanasia, la manipulación genética y el matrimonio homosexual. Curiosamente, de este último nadie ha hablado en la campaña, salvo Kenyi Fujimori, a quien hay que reconocer el mérito. En lo que todos los candidatos parecen estar de acuerdo –quizá para evitarse un compromiso más profundo, que produzca el distanciamiento de los votantes más tradicionalistas– es en la necesidad de una unión civil, que genere derechos patrimoniales entre las parejas de gays que, con el orden actual de las cosas, no pueden heredar a la muerte de su compañero o compañera. ¿Por qué los obispos confunden los términos? Supongo que para producir desconcierto e impedir que esta propuesta prospere, temerosos de que las uniones civiles sean un primer paso en el camino hacia la aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo que, por cierto, tarde o temprano ocurrirá. Porque, como dice MVLL: “Los argumentos contra el matrimonio gay no resisten el menor análisis racional”.

Criollismo, prejuicio, mentira: estas tres opiniones reflejan la sustancia y profundidad de quienes, aun sin saberlo, al estigmatizar o discriminar a los homosexuales –con bromas, insultos, recelos o arbitrariedades– en el fondo se oponen a la libertad de elección y a la igualdad ante la ley.

15 agosto 2011

Patricia del Río - Peru 21: Orgullo y prejuicio

Artículo del 02.07.2011 transcrito del Diario Peru 21 - Publicación original

Por: Patricia del Río

Orgullo y prejuicio
Hay disculpas que llegan tan tarde que ya no tienen sentido. Otras que, por tratar de justificar la ofensa, terminan haciendo más daño. Hay las que se hacen simplemente para limpiar la conciencia. Yo espero que este no sea el caso. Que las disculpas públicas que voy a expresar en esta columna nos sirvan para entender que las distintas formas de amar no merecen nuestra tolerancia, como si fueran algo que hay que soportar, sino nuestra celebración.

Hace aproximadamente tres años, mi hermana María Luisa –que es una talentosa periodista– descubrió, asumió (no sé qué verbo usar), que se había enamorado de alguien distinto de su marido. Anunció que se separaba y nos pidió, a sus padres, hermanos y amigos, que respetáramos su opinión. Lo que para muchas familias es un hecho manejable, en la mía fue una hecatombe: mi hermana abandonaba su matrimonio porque se había enamorado de otra mujer. Había asumido su homosexualidad con valentía, y lo hacía absolutamente consciente de los problemas que tal decisión le acarrearía en una sociedad como la nuestra. Había decidido, con la misma sinceridad con que hace todo en su vida, vivir honestamente, vivir sin esconderse, vivir y punto.

María Luisa fue sincera y valiente; nosotros, no. Al comienzo le mostramos nuestro apoyo e intentamos no juzgarla. Pero, en el fondo, no la aceptábamos. Le pedíamos discreción, le exigíamos que no lo hiciera público, le decíamos que la apoyábamos, pero que por favor no nos presentara a su novia. Actuamos, supongo, movidos por el desconcierto, pero sobre todo por el prejuicio. No podíamos entender que mi hermana no estaba haciendo nada vergonzoso. Y disfrazando nuestros argumentos de falsa tolerancia, en realidad, casi le rogamos que se mantuviera dentro del clóset, que no nos hiciera pasar roche.

Por supuesto, María Luisa no nos hizo caso y, repito, con la sinceridad que siempre la acompaña, asumió públicamente su nueva vida. Es verdad que ella también cometió errores, que tal vez no supo respetar los procesos de entendimiento más lentos de otras personas, como los de mis padres, pero en términos generales hizo lo que tenía que hacer. Atravesó un momento difícil en su vida, un momento de cambios; y yo, su familia, no estuvimos a la altura de las circunstancias. Preferimos juzgar que entender. Nos atrincheramos en el miedo al qué dirán en lugar de, simplemente, abrazarla y alegrarnos porque por fin había podido resolver lo que probablemente, no lo sé, debió ser un largo conflicto en su vida.

Yo sé que María Luisa no necesita estas disculpas. Ni siquiera las espera. Como es más noble que todos nosotros, hace tiempo que pasó la página de la decepción y no solo nos quiere igual que siempre, sino que es la primera en estar ahí cuando tenemos un problema. Sin embargo, yo sí necesitaba gritar en voz alta que estoy orgullosa de mi hermana. Que me jode que la Municipalidad de Lima tenga que sacar ordenanzas para que ella, su pareja y sus miles de amigos que se aman sin hacerle daño a nadie no sean expulsados de un local si se agarran de la mano o se dan un beso. Que me frustra enormemente que tenga que haber una marcha del orgullo gay, como la que se celebra hoy, para que se respete no una ideología radical, como quieren señalar algunos sino, simplemente, una forma de amar. Una manera de relacionarse con el otro que no tiene por qué esconderse, ni pedir permiso para realizarse en este mundo donde, justamente, es la falta de amor lo que hace más daño, lo que nos vuelve más inhumanos.

Hoy pude llenar este espacio criticando la injusta y arbitraria salida de Rosa María Palacios de América Televisión, pero ya se escribió mucho y muy bien al respecto, y yo ya planteé mi posición en la radio y en la televisión. Por eso, esta vez preferí dedicarme a defender otra causa: la de amar libremente que, al fin y al cabo, no es más que otra forma de libertad de expresión.

04 julio 2011

Patricia del Río - Peru 21: Damas de segunda

Artículo del 19.03.2011 transcrito del Diario Peru 21 - Publicación original


Por: Patricia del Río

Damas de segunda
No creo que el voto femenino se decida por razones muy distintas a las del masculino. Eso de que Alan García ganó en el 85 porque se supone que era guapo, no me lo creo. Si las mujeres votáramos siempre por el más lindo, Fujimori jamás le hubiera ganado al plantado Vargas Llosa de los noventa y por Carlos Raffo solo votarían su mujer y sus hermanas. Así que dejemos de lado ese tonto prejuicio. Lo que sí creo que influye en nuestro voto es el concepto que tienen los candidatos de nosotras. Si aquel que busca ser presidente resulta machista, o maltratador, pues la verdad que a una se le quitan las ganas de votar por el troglodita en cuestión.

Y los asesores de campaña lo saben. Por eso, por el Día de la Mujer, Luis Castañeda tuvo el gesto de enviarnos flores a todas las periodistas (gracias, lindo el ramo, pero seguiremos preguntando). Y por eso también en el debate del domingo sus asesores decidieron ponerle una rubia al lado para que lo engalane. La estrategia era mostrarlo más como un caballero enamoradizo y alejarlo del perfil de técnico torpe para el trato humano. Y el truco electorero estuvo a punto de funcionar: la señora reía, él lucía feliz, la foto estaba quedando regia hasta que le pusieron los micros al frente y zas la embarró. Cuando le preguntaron sobre la talentosa María Sol Corral, la definió como un amuleto. Y cuando intentó explicar el tipo de relación que supuestamente los unía, el ex alcalde la presentó como si la rubia fuera su trampa. Todo mal.
Lo de Castañeda, sin embargo, no pasaría de ser una anécdota sobre su pésima estrategia de campaña, si no reflejara una constante en la política peruana: el insólito rol que desempeñan las mujeres de los candidatos y el más ridículo aún que les toca protagonizar cuando se convierten en primeras damas (qué huachafo título, por Dios). Como si el mundo no hubiera evolucionado nada, las esposas de nuestros políticos van de adornos, repartiendo besos, cargando niños y limpiando mocos. Y a todos nos parece bien. No nos importa si son profesionales, o muy capaces en sus vidas privadas, públicamente esperamos que sean decorativas. Por eso Eliane Karp cayó tan mal. Al margen de su nada carismática personalidad, cometió el pecado de exigir un papel protagónico en el gobierno y a todo el mundo le pareció pésimo. No voy a negar que hizo méritos para ser la mujer más chinche del Perú, pero siempre he pensado que la Karp, otrora tan activa e independiente, casi enloqueció de tanto sonreír para la foto con el sastre novoandino recién diseñado para la ocasión.

A las otras primeras damas tampoco les fue mejor. A Susana Higuchi siempre la recordaremos enrejada en Palacio de Gobierno, denunciando la corrupción con ropa donada que se cocinaba en sus narices. De nada le sirvió el hecho de que ella parara la olla de su casa durante años. Al tacho sus títulos y pergaminos. Su nuevo puesto era el de un florero más del salón dorado, y como no le dio la gana de ejercer tan triste papel –que Keiko sí heredó con gran entusiasmo– la encerraron como una loca, la enrejaron y lo que sigue es una historia oscura y tortuosa que el fujimorismo nunca ha podido aclarar.

¿Y Pilar Nores? La más chancona. Ha ejercido el modelo ideal de Primera Dama en los dos gobiernos de su marido: silenciosa, respetuosa, invisible. Tan invisible que hace más de un año no está al lado de Alan y nadie se ha dado cuenta. Lo más triste de su historia, sin embargo, es que a pesar de que sí ha hecho un trabajo eficaz por los más pobres, a nadie le importa. Su imagen de esposa abnegada de mujeradornodemandatario, que un día se paró al lado de su marido, con la mirada clavada en el suelo, mientras este le confesaba a todo el Perú que le había puesto los cachos, es lo que perdurará en la memoria de todos los peruanos.

La verdad si me preguntan qué papel deberían desempeñar las mujeres de los candidatos y de los presidentes no tengo una respuesta definida. Lo que sí me queda clarísimo es que estas pobres señoras reciben el título de Primera Dama pero están obligadas a desempeñar un papel de segunda categoría.

03 julio 2011

Gino Di Beli - Diario 16: La Joda de la Semana - 21.02.2011

Artículo del 21.02.2011 transcrito de Diario16 - Publicación original

Por: Gino Di Beli
Columna "La joda de la semana"

-Me jode la homofobia. No solo porque es primitiva y oligofrénica sino porque es activa. No se rumia tan solo en el cerebro limitado de quienes la profesan sino que se expresa y actúa. No puedo negar que a mi edad me resulta difícil, por ejemplo, mirar como si nada las expresiones de afecto entre dos hombres o dos mujeres. No estoy acostumbrado. Pero mi razón se impone y sé que el problema es mío, no de las parejas mencionadas. Y me parece un salvajismo condenar a un buen número de personas a limitar sus expresiones de amor o deseo a las cuatro paredes de sus viviendas. Los homofóbicos deberían leer un poco a Freud y percatarse de que quienes tienen esa fobia son aquellos que, en verdad, tienen su propia identidad sexual algo precaria.

-Me jode el racismo. En todas sus expresiones. Pero como ya he hablado de este tema antes, quiero precisar dos formas solapadas. Las que exhiben dos grupos étnicos o religiosos afincados en el Perú, como son los árabes y los judíos, que buscan casarse solo entre ellos. Ay de aquel joven judío o árabe que se enamore de una cristiana, por ejemplo. Le hacen la vida a cuadritos. Y que no me vengan con esa estupidez de que es para salvaguardar la religión. Conozco una buena cantidad de pecadores, truhanes y sinvergüenzas que son judíos o árabes, que de devotos tienen tanto como yo de deportista.

-Me jode el clasismo, la segregación por condición económica. Es infame. Y vuelvo a la carga con el tema de Asia, esa playa horrible llena de casas lindas, donde –contrariando la Constitución- se impide groseramente el ingreso a la playa, que es de todos, a quienes no tienen la “suerte” de poseer una vivienda en el ‘club’. Me da asco. He viajado y vivido en varios países del mundo, antes de recalar en el Perú y eso que se ve en Asia no se ve en ninguna parte del mundo. A ver si el gobernante que venga hace algo al respecto. Que construya pistas de acceso, que se tire abajo los muros levantados, que sancione –como lo hace Indecopi- a los ‘clubes’ que impiden el acceso a los cholos que, al parecer, arruinan el desayuno o el blue label que los habitúes de la zona consumen desde tempranas horas. Una manga de alcoholizados con dinero no tiene derecho a construir su propia Sudáfrica en nuestras narices.